Al volver a Argentina y decidirme empezar a cocinar, comence a buscar una escuela, por lo general las escuelas de cocina son caras a veces impagables, al no poder pagar una buena escuela me anote en una del monton para no decir desastroza.
Corria el año 2002 mientras me enseñaban a cortar vegetales y blanquearlos trabajaba haciendo delivery de pizza y empanadas, para asi poder pagar mis estudios, si en vez de cocinarlos los entregaba, pero estaba decidido que eso tenia que cambiar, que no iba a ser para siempre.
Mi pimer profesor era un gordo de unos 150kg, que lo unico que hacia era estar sentado en una silla y nos gritaba de ahi a la espera de que terminaramos los platos para comerlos y en pasteleria teniamos a una profesora joven que estaba mas que buena.
Me acuerdo un dia, en la clase de papas, aprendiamos cortes y preparaciones basicas hicimos pure y cada uno lo presentaba de distintas maneras, keneles y bolas de pure que lucian inmaculadas en los platos, hasta que el profesor me mira exclamando: "que es esto????", claro yo en homenaje a mi tia habia echo el volcan con la lava de mostaza.
Un dia como cualquiera entramos a la cocina y el profesor nos esperaba y nos dijo que habia entrado en un restaurante y queria llevar a algunos alumnos a hacer pasantias, se hacerca a mi preguntado: "tenes alguna experiencia?, como te manejas en la cocina?" a lo que respondo: "la comida del perro la hago como nadie......"
La expresión del profesor fue impagable, con media sonrisa en el rostro no sabiendo si reirse o matarme, pero al final me llevo a la pasantía. El restaurante estaba en tigre, en el paseo victorica mas precisamente y entre ahi, a ayudar al cuarto frío (donde se hacen las ensaladas y platos fríos), no pude estar mucho tiempo en la pasantía, ya que entre el trabajo, el estudio y la pasantía, no me quedaba tiempo para nada unos días después de entrar me termine yendo
Ya en segundo año cambiamos de profesor el gran Marcelo Cerolini. Con el empezamos a ver cocina internacional (francesa, española, japonesa, etc.) las clases eran mas que interesantes, con mucha exigencia y preguntas de la nada, pero como todo lo bueno dura poco, una de mis compañeras empezó a quejarse por todo y las cosas dejaron de ser como eran ya Marcelo cansado y desanimado dejo de a poco a preguntar y las clases empezaron a empeorar mas y mas.
A mediados del 2003 me canse del delivery y le pregunte a mi vieja si podía darme una mano para pagar la escuela, y aceptar una pasantía en Colon, Entre Ríos, mas precisamente en el hotel Quirinale. El día que llegamos nos presentan a la jefa de cocina, una egresada del Gato Dumas, que al mirarnos nos suelta: "Quien son ustedes?, yo no los pedí, quiero a pasantes del Gato dumas" y salió corriendo a hablar con el gerente del hotel para saber que pasaba, al volver dice: "A hacer las ensaladas" y eso hicimos, durante 4 días haciendo ensaladas y nada mas. No por algo me gane el apodo de culo inquieto que a al 5to día ya estaba medio encargado del cuarto frío, rellenando las bandejas del bufete y de la mesa dulce, sacando los helados de cocina, ayudando a la lavaplatos y cuando salía a las 10 de la noche a servir café.
La parte muy buena es que me llevaba muy bien con toda la cocina entonces tenia todo tipo de privilegios a lo que comida se refiere, era el único que comía lo que se le daba la gana, cuando tocaba osobuco o puchero, yo aparecía con dorado o algún plato del bufete caliente, ese bufete que me toco servir varias veces, uno de esos días, Hector, un estilo segundo de cocina que servia el bufete conmigo me pregunta: "¿comiste surubi?", no Hector, nunca. "toma pero anda a comerlo al baño y que no te vea nadie", O sea termine comiendo surubi con las manos sentado en el inodoro del baño de los clientes.
Termina la pasantía, vuelta a Baires y a seguir estudiando, y encarando los exámenes y los trabajos prácticos para el fin de año.
Ya en noviembre después de aprobar varias materias y dejando colgadas otras,como frances, barman o elaboración de menú, me despedí del año, si, sin egresarme.
Como conclusión, yo pienso que en la vida de un cocinero, todas son experiencias que la escuela aporta mucho, pero no lo es todo, hay que complementar, muchos chicos recién salidos de una escuela de cocina piensan que ya son excelentes jefes de cocina y piensan que pueden con todo, nota, todos nos pegamos contra la pared y caemos, lo bueno es después poder levantarse.
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